Tos ferina: síntomas, causas y tratamiento

¿Qué es la tos ferina?

La tosferina es una enfermedad contagiosa que afecta a lactantes pequeños, adolescentes y adultos jóvenes que no han sido vacunados contra la Bordetella pertussis, una bacteria Gram Negativa que se propaga a través de gotitas respiratorias contaminadas, que son producidas durante la tos o por contacto directo con una persona infectada (ya que la bacteria tiene predilección por el tracto respiratorio bronquial).

A pesar de la vacunación universal durante la infancia, se ha observado un aumento de los casos de tosferina en el mundo, generando las mayores tasas de hospitalización, complicaciones graves y mortalidad en menores de dos meses. En vista de esto, es importante reconocer a la enfermedad y prevenir las complicaciones que afectan a los niños más pequeños.

Síntomas de la tos ferina

Una vez que se contrae la enfermedad, tarda unos siete días en producir la sintomatología. Generalmente comienza como un resfriado común, para volverse paroxística y, si se trata a tiempo, atraviesa por un período de recuperación.

De acuerdo a su evolución, se clasifica por etapas:

Etapa temprana o Fase Catarral: Es la etapa más contagiosa, dura de una a dos semanas y es indistinguible de un catarro común. Se caracteriza por dolor de garganta, malestar general, fiebre, secreción nasal y tos leve, seca o con flema.

Etapa de aparición de la tos o Fase Paroxística: Ocurre después de 7-14 días del inicio de los síntomas, y es donde aparecen los síntomas clásicos de la tosferina:

  • Ataques de tos paroxística, congestiva, a veces emetizante (vómitos), con ruido inspiratorio; denominada tos ahogada, por los ataques de tos intensa que se repiten una y otra vez.
  • A menudo la cara se vuelve roja (rubicundez facial) con un intento desesperado por respirar, lo que causa un sonido de “grito” o “chillido”. Solo en algunos casos, los niños pueden dejar de respirar al final de un ataque de tos y tornarse de color azul por un corto tiempo. Aunque parece preocupante, una vez que culmina la tos, la respiración se reanuda con rapidez.
  • El número de ataques oscila de cinco a siete en las formas leves, y veinte en las formas más graves. Cada ataque dura de uno a dos minutos. Frecuentemente ocurren durante la noche y se pueden desencadenar por estímulos como el llanto, risa, estornudos, ejercicio físico o alimentación.
  • Puede haber hemorragia subconjuntival, epistaxis y petequias en la cara y cuello.

Etapa de recuperación o Fase de Convalecencia: Durante esta etapa los síntomas mejoran al cabo de algunas semanas o meses, aunque existen casos en que hay exacerbación del cuadro con nuevas infecciones respiratorias.

Los ataques de tosferina suelen ser angustiantes, no obstante, en algunos casos los síntomas son más leves que los descritos anteriormente y puede haber episodios intermitentes de tos sin chillido o vómitos.

¿A quiénes afecta la tos ferina?

Cualquier persona puede infectarse de tosferina, pero se da con mayor frecuencia en bebés menores de 6 meses. En países subdesarrollados, la mayoría de los niños la desarrollan por no recibir la vacuna. Los niños mayores y adultos jóvenes también pueden desarrollar la enfermedad, pero la incidencia es mucho menor. Esto puede ocurrir por falta de vacunación o debido a que los efectos de la vacuna disminuyen con el tiempo.

¿Qué tan infecciosa es la tosferina?

Es muy contagiosa en las primeras tres semanas. Se transmite con rapidez en personas que no están inmunizadas y que no hayan tenido una exposición previa a la tosferina. Una vez contagiado, es recomendable mantenerse alejado de los demás para evitar el contagio. En muchos países se aconseja que los padres no lleven a sus hijos a las guarderías o a la escuela durante cinco días, si están recibiendo antibiótico; y tres semanas si no están recibiendo tratamiento.

¿Qué esperar de tu médico?

Si tu bebé tiene síntomas de tosferina es importante que consultes a su pediatra o médico familiar. Generalmente se realiza un examen físico completo, donde se utiliza un estetoscopio para escuchar los pulmones. Es probable que el médico realice las siguientes preguntas:

  • ¿Cuándo comenzó la tos?
  • ¿Cuánto tiempo duran las crisis de tos?
  • ¿Algún estímulo provoca la tos?
  • ¿Alguna vez cursa con náuseas y vómitos?
  • ¿Durante los períodos de tos, se ha tornado la cara roja o azul?
  • ¿Ha estado expuesto a alguien con tosferina?

Una descripción detallada sobre los signos y síntomas, dar información sobre las inmunizaciones previas e historia familiar, puede ayudar al médico a esclarecer el diagnóstico y prevenir complicaciones.

¿Cómo se diagnostica la tos ferina?

Suele ser difícil el diagnóstico durante las primeras etapas, ya que los síntomas se asemejan a otras enfermedades respiratorias comunes, como resfriados, fiebre del heno o bronquitis. Muchas veces los médicos diagnostican la enfermedad por la sintomatología y las características de la tos, pero existen pruebas para confirmar el diagnóstico, entre ellas:

  • Hisopado faríngeo o cultivo de secreciones nasales:  Consiste en tomar una muestra de las secreciones, con un hisopo o por aspiración de la nasofaringe. Luego, se comprueba la presencia de la bacteria responsable de la tosferina. Frecuentemente, se puede identificar el germen en las primeras etapas de la enfermedad. Una prueba negativa del cultivo no descarta el diagnóstico de tosferina en pacientes que han tenido tos durante varias semanas.
  • Análisis de sangre: Se puede extraer una muestra de sangre y enviarla al laboratorio para el estudio de los glóbulos blancos, células encargadas de combatir a las infecciones. Un alto recuento de glóbulos blancos indica la presencia de infección o inflamación, pero no es específica de la tosferina.
  • Radiografía de tórax: Este estudio puede comprobar la presencia de inflamación o líquido en los pulmones, lo que suele ocurrir en neumonías complicadas por la tosferina y otras infecciones respiratorias.

¿Cuáles son las complicaciones de la tos ferina?

Aunque la mayoría de los pacientes se recuperan con normalidad, algunos lactantes desarrollan complicaciones graves, que incluyen:

  • Neumonía: Estos casos se desarrollan por infecciones bacterianas y sobreinfecciones (infecciones secundarias). En los niños pequeños o bebés se debe sospechar de neumonía ante la presencia de fiebre, aumento de la frecuencia respiratoria o dificultad respiratoria y tos. Una tos severa puede conducir a la rotura de los pequeños vasos sanguíneos de la nariz, con posterior hemorragia (epistaxis), hemorragias conjuntivales o moretones en la piel. En muy raras ocasiones, la tos puede producir fracturas o neumotórax debido a un aumento de la presión negativa a nivel pulmonar; incluso se pueden desarrollar hernias en el abdomen por aumento de la presión intraabdominal producida por la tos.
  • Rara vez se producen infecciones o daño cerebral.
  • Los bebés suelen desarrollar neumonías complicadas con derrame pleural, deshidratación y desnutrición, dificultad respiratoria, cianosis, convulsiones y daño cerebral.

Tratamiento de la tos ferina

La tosferina responde bien a los antibióticos, si la infección es diagnosticada en sus fases iniciales. Sin embargo, una vez que se han instalado los ataques o crisis de tos paroxística, el tratamiento con antibióticos tiene pocos efectos. Sin tratamiento, la bacteria logra permanecer activa hasta tres semanas después del comienzo de la tos. El tratamiento general se basa en el uso de macrólidos (claritromicina, azitromicina o eritromicina).

Medidas Generales:

  • Es importante eliminar o aspirar las secreciones durante los episodios de tos, para evitar que el niño se ahogue o empeore su patrón respiratorio.
  • Recuerda alimentar a tu bebé y ofrecerle suficientes líquidos (agua, jugos y sopas), ya que la deshidratación suele acompañar a los cuadros de neumonía. Los signos de deshidratación son: labios secos, ausencia de lágrimas, micción infrecuente, ojos hundidos, pulso rápido o débil, rechazo a la alimentación.
  • Tener conocimiento sobre los signos de alarma en casos de neumonía grave.
  • Se aconseja descansar lo suficiente en un cuarto fresco y libre de polen.
  • Para evitar la transmisión se debe cubrir la boca al toser y lavarse las manos. El uso de mascarillas es recomendable en niños mayores y adultos jóvenes.

Como prevenir la tos ferina

Si tu niño o bebé no se encuentra inmunizado y ha estado en contacto con una persona infectada con tosferina, iniciar el tratamiento con antibióticos puede prevenir la aparición de los síntomas y las complicaciones. Esta medida también sirve para personas que entran en contacto con niños pequeños con cuadros respiratorios similares a la tosferina.

La inmunización es la principal medida preventiva contra la tosferina. Esta vacuna forma parte de la vacuna triple viral. Usualmente se administra en tres dosis a las edades de dos, tres y cuatro meses, con un refuerzo a los cinco años. Aunque la inmunización es aceptable, no es 100% efectiva. Además, el efecto de la inmunización puede disminuir con el paso de los años.

La inmunización contra la tosferina en adultos puede ser beneficiosa cada diez años. En mujeres embarazadas, los expertos recomiendan la vacunación entre las semanas 27 y 36 de gestación, lo cual protege al bebé en los primeros meses de vida.

Los efectos secundarios de la vacuna sueñen ser leves y pueden incluir fiebre, irritabilidad, cefaleas, fatiga y dolor en el lugar de la inyección.

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