Enfermedad de parkinson: qué es, causas, síntomas y tratamiento

 

¿Que es la enfermedad de Parkinson?

El mal de Parkinson es una enfermedad crónica y degenerativa que afecta a uno de cada 100 adultos de 60 o más años. Aunque es una condición bastante rara en jóvenes, no se descarta en ellos.

Esta es una enfermedad del sistema nervioso central en la que se pierden o mueren las neuronas en diferentes partes del cerebro, en especial, en un área conocida como, sustancia negra.

En la sustancia negra las neuronas producen dopamina, neurotransmisor responsable de enviar y recibir mensajes dentro del cerebro, a los centros que coordinan los movimientos del cuerpo.

Al disminuir las células de la sustancia gris también se disminuye la dopamina, lo que en consecuencia provoca que las neuronas restantes se activen sin control y las personas no puedan dominar o dirigir sus movimientos.

Los síntomas de la enfermedad comienzan a manifestarse con la pérdida del 60 % a 80 % de las neuronas de la sustancia negra.

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¿Cuáles son las causas de la enfermedad de Parkinson?

Aunque no hay nada preciso, problemas genéticos y ambientales son las causas más asociadas al mal de Parkinson.

Científicos han concluido que la causa puede ser una mutación genética, un gen que se transmite a siguientes generaciones. La ciencia ha determinado que el LRRK es el gen que más contribuye a la aparición del mal.

El consumo de drogas, la exposición a pesticidas y otras toxinas químicas también han sido vinculadas a la enfermedad. Algunos científicos sostienen que la combinación de problemas genéticos y ambientales es determinante para causar la condición, sin descartar virus o golpes en la cabeza.

Factores de riesgo para la enfermedad de Parkinson

Aunque se cree que el envejecimiento es el mayor factor de riesgo para tener la enfermedad, se sabe que, en comparación con las mujeres, ser hombre aumenta más el riesgo de sufrirla y que ser de etnicidad blanca se suma a los riesgos de padecerla.

La enfermedad de Parkinson inicia con más frecuencia entre los 50 y 60 años. Solo en 10 % de los casos, aproximadamente, se manifiesta en menores de 40 años. Personas con antecedentes familiares con la condición son más propensos a desarrollarla.

¿Qué síntomas tiene alguien que padece enfermedad de Parkinson?

El síntoma más característico de la enfermedad es el temblor incontrolable de las manos, por ello se clasifica al mal de Parkinson dentro de los trastornos del movimiento.

Los primeros síntomas no motores que se manifiestan son disminución del sentido del olfato, constipación, trastornos del sueño, depresión, ansiedad, disminución del parpadeo, dificultad para tragar saliva y problemas al caminar.

Otros síntomas no motores comunes:

  • Discapacidad para emprender tareas cotidianas.
  • Falta de concentración por deterioro intelectual.
  • Hablar con en voz baja, casi en murmullos.
  • Disminución del balanceo de los brazos al caminar.

Los síntomas motores son:

  • Temblor involuntario.
  • Incapacidad y lentitud para realizar movimientos espontáneos y voluntarios conocida como, bradicinesia.
  • Rigidez de brazos, piernas y tronco.
  • Dificultad para caminar y mantener el balance del cuerpo.
  • Disminución de las expresiones faciales.

Dermatitis seborreica, trastornos del sueño, pérdida de la memoria, falta de atención, alucinaciones y psicosis se suman a los síntomas.

Diagnóstico de la enfermedad de Parkinson

Es necesaria una historia clínica y una exploración neurológica extensa, pues es difícil diagnosticar la enfermedad, sobre todo en sus etapas iniciales cuando no se manifiestan los síntomas motores.

El diagnóstico también se emprende por el descarte de otras enfermedades del sistema nervioso y por marcadores biológicos con muestras de sangre o del líquido cefalorraquídeo, uno que protege y amortigua este sistema incluyendo al cerebro y la médula espinal.

Administrando levodopa como prueba al paciente por un corto período es otra manera de comprobar la enfermedad. Si los síntomas disminuyen significará que se sufre el mal.

Tratamientos de la enfermedad de Parkinson

Aunque se emplean medicamentos para disminuir los síntomas, retrasar el progreso de la condición y mejorar la calidad de vida del paciente, la medicina aún no tiene una cura para el mal de Parkinson.

Los medicamentos se emplean para disminuir los síntomas motores. Los siguientes son algunas de estas medicinas:

Levodopa: sustancia que se descompone en dopamina en el cerebro. Se administra junto con Carbidopa, inhibidor periférico de este neurotransmisor que permite la degradación de la Levodopa a dopamina en este órgano, que es donde más se necesita.

El Levodopa es el fármaco más recetado para tratar el mal de Parkinson.

Agonistas dopaminérgicos: simulan la acción de la dopamina en el cerebro y es más utilizada en pacientes jóvenes sin síntomas motores. Fármacos que ayudan a contrarrestar otras señales del mal de Parkinson como la depresión y retrasan la aparición de signos motores.

Estos medicamentos son Pergolida, Bromocriptina, Cabergolina, Ropirinol, Pramipexol, Rotigotina y Apomorfina.

Inhibidores de la enzima mono amino oxidasa: enzima que degrada la dopamina. Se administra para que esta se mantenga más tiempo en el cerebro. Aunque no se ha podido comprobar, se cree que tiene un efecto neuroprotector.

Estos medicamentos son Selegilina, Rasagilin y Safinamida.

Inhibidores de la catecol o metil transferasa (ICOMT): otra enzima que inhibe la dopamina. Tiene que ser administrada junto con la levodopa. Estas son Entacapona y Tolcapone, con las que se debe vigilar la función hepática del paciente.

Amantandina: pese a ser un antiviral, esta medicina mejora los síntomas de la enfermedad, entre ellos la bradicinesia.

Anticolinérgicos: inhiben a la acetilcolina, neurotransmisor con efectos opuestos a la dopamina. Tienen buenos resultados sobre el temblor, pero también efectos secundarios como visión borrosa, estreñimiento, sequedad de boca y ginecomastia, especialmente en adultos mayores.

Los más jóvenes tienen mayor tolerancia a estos medicamentos conocidos como Trihexifendilo, Prociclidina o Biperideno.

Tratamientos por infusión continua: hay una forma de administrar continuamente el medicamento en casos graves o incontrolables, para que los niveles de dopamina sean constantes y se controlen más eficientemente los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

Está disponible la Apomorfina mediante una aguja colocada debajo de la piel que se programa para liberar el medicamento. Con este método será necesario vigilar la zona de la aguja para evitar nódulos subcutáneos y hacer exámenes de sangre para evaluar la cantidad normal de glóbulos rojos.

La Levodopa es otro medicamento para infusión continua administrado vía duodeno por medio de una gastrostomía, incisión en el abdomen para hacer una pequeña perforación al estómago e introducir el perfusor programable. Las precauciones en este método son la colocación y mantenimiento del dispositivo y la buena higiene en el área.

Será necesario tratar también los síntomas no motores. Se deben valorar las interacciones que hay entre los medicamentos empleados para no agravar el estado del paciente.

Cirugía: menos del 20 % de los pacientes con mal de Parkinson se someten a cirugía, pues no todos tienen el perfil para este tratamiento quirúrgico.

Cirugía reversible: se conoce como estimulación cerebral profunda. Consiste en la colocación de electrodos que estimulan al cerebro para disminuir los síntomas de la enfermedad.

Cirugía irreversible: en esta cirugía se lesionan núcleos del cerebro que reaccionan intensamente al mal, reduciendo el temblor, la rigidez y la bradicinesia.

Tratamiento sin fármacos

Se comprobó que el ejercicio favorece a mejorar la postura y el equilibrio. Se recomienda tener buenos hábitos alimenticios para evitar la obesidad y dejar los vicios, cigarrillos y consumo de alcohol, para prevenir problemas del corazón.

El paciente consultará con el médico sobre las rutinas de ejercicio para combatir el mal de Parkinson.

¿Cómo puedes mejorar tu rutina diaria para controlar los síntomas de la enfermedad de Parkinson?

La enfermedad no se cura, solo se controlan los síntomas. El paciente puede mantener una rutina diaria para mejorar su calidad de vida.

Para mejorar su forma de caminar:

  • Siempre caminar con cuidado y al propio paso. No tratar de llevar el ritmo de otra persona.
  • Apoyar primero el talón y luego el pie en cada paso. Cuando se esté bien apoyado, comenzar a mover la otra pierna.
  • Tratar de caminar siempre erguido.

Para evitar caídas:

  • No caminar para atrás.
  • No cargar cosas al caminar.
  • No inclinarse o tratar de alcanzar algo al caminar.
  • Voltear hacia atrás con todo el cuerpo, no solo la cabeza o el tronco.

Precauciones al vestirse:

  • Nunca apresurarse.
  • Seleccionar ropa fácil de poner y quitar.
  • No usar ropa con botones, si es con velcro, mejor.
  • Utilizar pantalones o faldas con elástico y botones.

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