Síndrome metabólico: criterios, qué es, síntomas, dieta y tratamiento

El síndrome metabólico es una enfermedad muy peligrosa que puede afectar distintos órganos y es multifactorial. Existen dos condiciones muy características que lo representan: la resistencia a la insulina y la obesidad abdominal. Ambas condiciones son determinantes en la progresión de la enfermedad, debido a la serie de alteraciones metabólicas que originan y los diferentes factores de riesgo que suelen aparecer de forma simultánea o secuencial en un mismo individuo. A continuación te mostraremos con más detalle de qué se trata este padecimiento.

¿Qué es el síndrome metabólico?

Es una serie de anomalías metabólicas que en conjunto son consideradas como un grupo de factores de riesgo para desarrollar diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad cardiovascular. Estos factores incluyen la resistencia a la insulina, hipertensión arterial (presión arterial alta), dislipidemia (anomalías en los lípidos, especialmente en los niveles de colesterol) y mayor riesgo en el desarrollo de trastornos de la coagulación de la sangre. El síndrome metabólico también se conoce como síndrome X, síndrome de resistencia a la insulina o síndrome dismetabólico.

Generalmente, las personas con síndrome metabólico tienen sobrepeso y obesidad. La resistencia a la insulina se refiere a una disminución de la capacidad que tienen las células del cuerpo para responder a la acción de la insulina, lo cual resulta en un trastorno en el transporte de la glucosa (la fuente de energía que utiliza el cuerpo para realizar sus funciones básicas) hacia los músculos y otros tejidos. Por lo que una persona con resistencia a la acción de la insulina puede llegar a desarrollar diabetes tipo 2.

El síndrome metabólico se ha convertido en un problema de salud a nivel mundial, donde la edad se ha vuelto un factor de predisposición. En este sentido, no sólo los individuos a partir de los 50 años son los afectados: actualmente el grupo de riesgo se está situando en torno a los 35 años, y con cifras mucho menores en niños y adolescentes. El incremento en estas cifras se relaciona a los malos hábitos alimenticios (como el consumo de comida rápida, exceso en la ingestión de harinas refinadas o bebidas azucaradas) y el sedentarismo.

Indudablemente la prevalencia aumenta con la edad (un 24% corresponde a individuos de 20 años, un 35% a mayores de 50 años y más del 40% en adultos mayores de 60 años). Sin embargo, la prevalencia de este síndrome depende de edad, raza y género, siendo mayor en la raza hispana (donde entre un 15% y un 40% padece de síndrome metabólico).

En vista de esto, los países latinoamericanos poco a poco están alcanzando niveles alarmantes de SM. También en Estados Unidos, donde alrededor del 25% de la población mayor de 20 años padece de síndrome metabólico. En Europa, las cifras se elevan a un 42% en hombres y un 64% en mujeres, cuando existe alguna alteración en el metabolismo de los lípidos (como la glucemia basal alterada o la tolerancia a la glucosa alterada).

¿Cuáles son las causas y los factores de riesgo asociados al síndrome metabólico?

Los factores de riesgo incluyen factores genéticos (componente individual en cada individuo), una historia familiar de diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular temprana.

Este grupo de condiciones aumentan la probabilidad de que un individuo desarrolle el síndrome metabólico. Los hábitos de vida y alimentación también son factores influyentes, en especial si la persona tiene un bajo nivel de actividad física. Con un estilo de vida sedentario y obesidad el riesgo aumenta (el síndrome metabólico está presente en el 5% de las personas con peso normal, en el 22% de las personas con sobrepeso y en el 60% de las personas con obesidad). Por ello la importancia de adoptar un estilo de vida saludable, tanto en la realización de actividades físicas diarias como en hábitos alimenticios.

Otros factores de riesgo asociados al síndrome metabólico son:

  • Fumar
  • Mujeres postmenopáusicas
  • Dieta alta en carbohidratos
  • Estilo de vida sedentario

¿Cuál es la fisiopatología del síndrome metabólico?

El origen del síndrome metabólico es un concepto realmente complejo, cuyo punto central se basa principalmente en la resistencia a la insulina como responsable de las anomalías que conforman el síndrome. Sin embargo, se ha planteado que la obesidad abdominal es el factor de riesgo más importante y el que contribuye más a la resistencia a la insulina, mediante un exceso de ácidos grasos libres (AGL) circulantes en la sangre, que provienen de las reservas de triacilglicéridos (TAG) provenientes del tejido adiposo.

Así mismo, la elevación de los ácidos grasos libres se desarrolla a la par de una disminución en los niveles de HDL-colesterol, lo cual implica una acumulación de grasa a nivel visceral, formando sustancias químicas llamadas adipoquinas, que favorecen estados pro-inflamatorios y protrombóticos que contribuyen al desarrollo de la insulinorresistencia, hiperinsulinemia, alteración en la fibrinólisis y disfunción endotelial.

¿Qué tan frecuente es el síndrome metabólico?

Es una enfermedad muy común, sobre todo en la población americana, donde cerca del 32% la padece, y alrededor del 85% de quienes tienen diabetes mellitus tipo 2 también padecen de síndrome metabólico.

Por otro lado, se estima que alrededor del 25% de los adultos en Europa y en América Latina tienen la enfermedad, y las tasas siguen aumentando en Asia oriental. Incluso en los Estados Unidos la población mexicana es la que mayor prevalencia presenta.

Como ya mencionamos, la prevalencia de la enfermedad aumenta con la edad. Sin embargo, cabe subrayar que las cifras de diabetes mellitus tipo 2 y el síndrome metabólico se están presentando cada vez más en la población pediátrica (simultáneamente junto al aumento en las cifras de obesidad).

¿Cómo se define el síndrome metabólico?

Según el Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre (NHLBI por sus siglas en inglés), y la Asociación Americana del Corazón (AHA), si una persona presenta uno o más de los siguientes criterios se considera que padece síndrome metabólico:

  • Obesidad abdominal: implica un aumento y acumulación de la grasa visceral (depósitos de tejido graso en el hígado, músculo y páncreas), con una circunferencia abdominal o de la cintura de 102 cm (40 pulgadas) o más en hombres y 88 cm (35 pulgadas) o más en mujeres. Para la raza asiática americana, los valores de corte son ≥90 cm (35 pulgadas) en los hombres o ≥80 cm (32 pulgadas) en las mujeres.
  • Valor de los triglicéridos séricos ≥150 mg/dL (o recibiendo tratamiento para la hipertrigliceridemia).
  • HDL-colesterol <40 mg/dL en hombres o <50 mg/dL en mujeres.
  • Presión arterial de 130/85 mmHg o más (o recibiendo tratamiento para la hipertensión).
  • Glucemia en ayunas mayor o igual a 100 mg/dL (o recibiendo tratamiento para hiperglucemia).

¿Cuáles son los síntomas del síndrome metabólico?

Este síndrome generalmente no se expresa en síntomas, pero si una persona tiene factores de riesgo para el síndrome metabólico (en especial obesidad abdominal o aumento en el perímetro de la cintura), el médico puede ayudarle a evaluar cuál es su riesgo para el desarrollo de la enfermedad. De ahí la importancia de conocer este padecimiento y de saber que es un importante factor de riesgo en el desarrollo de la diabetes tipo 2, hipertensión arterial y cardiopatías (estas son las enfermedades crónicas más comunes e importantes en la actualidad).

Además, el síndrome metabólico tiene la capacidad de afectar los riñones, ya que se asocia a microalbuminuria y filtración de proteínas en la orina. Otros problemas asociados al síndrome metabólico incluyen: hígado graso, apnea obstructiva del sueño, acantosis nigricans, hirsutismo, síndrome de ovario poliquístico, xantomas o xantelasmas (común en los pacientes con dislipidemias), dolor en el pecho o dificultad para respirar y un aumento en el riesgo de demencia en ancianos.

¿Cómo se trata el síndrome metabólico?

Al igual que con otras enfermedades, la historia clínica detallada es importante en su diagnóstico. A pesar de que éste se lleva a cabo con base en el examen físico y los hallazgos clínicos, es posible sospechar que existe la enfermedad si los síntomas que la conforman están presentes: aumento de apetito, sed excesiva, o aumento en la frecuencia urinaria (síntomas asociados a la hiperglucemia). Por otro lado, la historia social del paciente es importante para identificar factores de riesgo adicionales, como el consumo de tabaco, hábitos alimenticios, etcétera.

El tratamiento del síndrome metabólico se orienta en tratar las causas, prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2 y tratar los factores de riesgo cardiovascular. Como bien sabemos, la mayoría de las personas que padecen esta condición tiene sobrepeso y vive una vida sedentaria y poco saludable, por lo que es importante mejorar la calidad de vida del individuo, disminuir el peso corporal y la adiposidad visceral.

Dieta y ejercicio como tratamiento del síndrome metabólico

Realizar cambios en el estilo de vida es el tratamiento preferido, siendo la reducción del peso la piedra angular y, por lo general, se hace un programa de alimentación para implementar una dieta adecuada (con baja ingesta de grasas saturadas, grasas trans y colesterol, así como una reducción en el consumo de azúcares simples y un aumento en la ingestión de frutas, verduras y cereales).

Actualmente la dieta mediterránea es efectiva, ya que es rica en “grasas buenas” (como el uso de aceite de oliva), con una cantidad equilibrada de carbohidratos y proteínas (como pescado y pollo). Además produce una disminución en los niveles de colesterol (LDL-colesterol y triglicéridos), una reducción del riesgo de trombosis (por disminución de la acción plaquetaria y aumento de la fibrinólisis), mejorías en la función endotelial y tratamiento de la hiperglucemia.

Por tanto, se recomienda una dieta equilibrada, donde los hidratos de carbono tengan una proporción del 60% de las calorías totales, proteínas en una proporción del 15% al 20% (las proteínas animales como el pescado, la leche y sus derivados), las grasas no deben constituir más del 35% del aporte calórico.

Dejar de fumar es un componente importante en el tratamiento. Realizar actividad física durante al menos 20 minutos cinco días a la semana ayuda en la pérdida de peso, en especial la práctica de ejercicio aeróbico, con lo cual los pacientes pueden reducir la adiposidad abdominal y aumentar su masa muscular (todo esto ayuda a disminuir peso, presión arterial y resistencia a la insulina y además mejora el metabolismo).

En suma, lo mejor que puedes hacer por tu salud es realizar pequeños cambios en tus hábitos diarios, desde invitar a un compañero a ejercitarse contigo, hasta tomar un paseo durante tu hora de descanso en el trabajo; aumentar el consumo de frutas y hortalizas y siempre evaluar cómo se alimentan tus niños (instarlos a salir a jugar o practicar deportes).

Lee más sobre la dieta para tratar el síndrome Metabólico

Cirugía estética para eliminar la grasa

Muchos se preguntan si una liposucción ayuda a eliminar la cantidad de grasa que se acumula en las personas con adiposidad central (producida por el síndrome metabólico), sin embargo, hasta ahora no hay datos que demuestren que la liposucción sea beneficiosa a largo plazo en cuanto a sensibilidad a la insulina, presión arterial y colesterol. En este sentido, la dieta y el ejercicio son el tratamiento primario preferido para el síndrome metabólico.

¿Qué ocurre cuando los cambios en el estilo de vida no son suficientes para tratar el síndrome metabólico?

En estos casos se puede considerar el uso de medicamentos que ayuden a controlar los niveles de lípidos, colesterol y presión arterial. Incluso se puede recurrir al uso de medicamentos que ayudan a controlar los niveles de insulina. Generalmente, los pacientes con presión arterial por encima de 130/80mmHg requieren antihipertensivos que les ofrezcan más beneficios que sólo la disminución de la presión arterial, como en el caso de los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECAS), los cuales también reducen los niveles de insulina, previniendo la aparición de diabetes tipo 2 y disminuyendo el riesgo de un evento vascular.

Los fármacos utilizados para tratar la diabetes tipo 2 o resistencia a la insulina suelen tener un efecto beneficioso en el control de la presión arterial y son reguladores del metabolismo lipídico. Usualmente se prescribe la metformina o Glucofage, para tratar la diabetes tipo 2 en personas con síndrome metabólico.

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